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La Onda Verde de NRDC

Pulso Verde

Diana Donlon

La tierra fértil como aliado climático

Diana Donlon

28 de Agosto 2013

Enviado por Diana Donlon

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El 9 de mayo cruzamos un numero alarmante: sobrepasamos las 400 partes por millón (ppm) de dióxido de carbono (CO2) en la atmosfera. Para nosotros que trabajamos en estos temas, es temeroso, ¿pero exactamente qué significa eso? En términos numéricos, significa que este hito nefasto, es 50 ppm más que 350 ppm, o el nivel que los científicos han identificado como el límite máximo de CO2 que puede contener nuestra atmosfera sin ponernos en riesgo.

En términos prácticos, significa que tenemos demasiado CO2 y otros gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, los cuales están provocando el calentamiento del planeta y la inestabilidad del clima. 

Como resultado de dicha inestabilidad, experimentamos el clima extremo en ambas direcciones – más calor extremo y más frío extremo; más sequías extremas y más lluvia extrema. Nuestro desafío, como uno de los países emisores de GEI más grandes del mundo, es restaurar el equilibrio del sistema lo mejor que podamos, reduciendo nuestras emisiones de GEI y reteniendo o “secuestrando” el carbono. Hemos hecho cierta parte de dicha tarea, moviéndonos hacia el ahorro de combustible, manejando nuestros carros menos, actualizando edificios y conservando la electricidad. Sin embargo, el tiempo ya no es nuestro aliado y necesitamos trabajar a través de más sectores con resolución y urgencia.

Para evitar el cambio climático desenfrenado y una suerte impensable para la humanidad, necesitamos reclutar la ayuda inmediata de la naturaleza.  Uno de nuestros aliados potencialmente más grandes, se encuentra directamente bajo nuestros pies: en tierra fértil.  La tierra saludable y viva, tiene una enorme capacidad de absorber el carbono.  De hecho, ¡el carbono retenido en la tierra sobrepasa aproximadamente tres veces la cantidad liberada en la atmósfera!  Dado este hecho asombroso, parece lógico que mejorar la salud de tierras degradadas tiene tremendo potencial para mitigar el cambio climático.

Podemos empezar, fortaleciendo la materia orgánica de la tierra (MOS). Fortaleciendo la MOS, aumenta la fertilidad de la tierra. De hecho, hay una correlación entre la fertilidad bajo tierra y la fertilidad sobre el nivel de la tierra. Con más vegetación o biomasa, la tierra podrá sostener más carbono del que desechamos  (hasta llegar a un estado de equilibrio). Hay una gran variedad de maneras de aumentar la MOS. Los jardineros, reconocerán el compostaje de sobras de la comida, restos de la cocina y residuos del jardín como un método primario. Los programas rentables municipales de compostaje van en aumento y deben ser adoptados a través del país. En las fincas, los métodos de cultivos de cobertura y agrosilvicultura aumentan la MOS. Otras estrategias para mejorar la salud de la tierra, incluyen la regeneración de pastizales naturales y la reforestación.

¿Por qué necesitamos aumentar activamente la MOS?  Porque no hemos tratado nuestras tierras como una entidad viva, lo cual ha resultado en un despliegue peligroso de carbono terrestre. Hemos pavimentado excelentes tierras de labranza, administrado mal las tierras de pastoreo y agredido la tierra con una extensa cantidad de químicos tóxicos. Como resultado, una gran parte de nuestras tierras se encuentran débiles y exhaustas, volviéndolas incapaces de secuestrar el carbono eficientemente. Esto resulta en escapes de carbono terrestre a la atmósfera.

Para asegurar la salud humana, de la tierra y del clima, necesitamos desengancharnos de los fertilizantes hechos con el uso de combustibles fósiles, pesticidas y herbicidas sintéticos. Los fertilizantes sintéticos, por ejemplo, merman la MOS, contaminan las aguas freáticas con nitratos y están vinculados a las emisiones de N20, un GEI muchas veces más potente que el C02.  

Además debemos acelerar el distanciamiento de los monocultivos. No nutren la tierra; al contrario, llevan a una disminución en su calidad y a la erosión. Si bien los monocultivos funcionaron bastante bien en el Siglo XX que contó con un clima relativamente estable, ya no constituyen una estrategia viable, debido a que no son ‘inteligentes’ en cuanto a ni la tierra ni el clima. Como cualquier inversionista le puede afirmar, la diversificación es esencial, particularmente cuando el clima errático puede liquidar la cosecha entera de un año con una lluvia fuerte fuera de estación, o granizos del tamaño de pelotas de golf.

La tierra saludable es increíblemente compleja y según un artículo reciente en el diario The New York Times, es “uno de los depósitos más grandes de biodiversidad”.  Además de secuestrar carbono, la tierra fértil y saludable nos provee otros beneficios climáticos directos, incluso una capacidad aumentada de conservar agua.  Un estudio del Arkansas Water Resources Research Center [Centro de Investigación del Estado de Arkansas de los Recursos Hídricos] halló que por cada uno por ciento de aumento en la materia orgánica de la tierra, la cual puede guardar hasta 16.500 galones de agua por acre a un pie de profundidad.  Esto estabiliza contra la erosión, reduce la escorrentía y ayuda a controlar las inundaciones. Fortaleciendo la materia orgánica de la tierra, además minimiza las fluctuaciones de la temperatura bajo suelo, aislando los cultivos contra un exceso de calor y el frío fuera de estación, de manera imposible para una menos robusta.  Si velamos la fertilidad de nuestras tierras, estas nos cuidarán mejor.

Diana Donlon es la Directora de la Campaña ‘Cool Foods’ en el Center for Food Safety en San Francisco.

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