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La Onda Verde de NRDC

Pulso Verde

Kaid Benfield

Cinco elementos para el buen desarrollo urbano en EE. UU.

Kaid Benfield

17 de Enero 2014

Enviado por Kaid Benfield

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  Copenhagen (photo courtesy of Payton Chung)

Veo al ámbito donde construimos nuestras viviendas y habitamos, el “hábitat humano”, como teniendo su propia ecología, tal como la flora y la fauna. En la naturaleza, el balance es un ingrediente importante y, tal como en el ámbito natural, las viviendas que erigimos deben desarrollarse en armonía con los diferentes componentes y el mundo sobre el cual dependen. Sin embargo, mientras la ecología del mundo natural se refiere, usualmente, a la interdependencia y la salud de las especies no humanas con especies semejantes y con la salud de las comunidades que apoyan estas relaciones y permiten que florezcan en el mundo natural; la ecología de la gente tiene que ver con nuestra relación entre nosotros y la salud de las comunidades que apoyan estas relaciones y nos dejan florecer al lado de la naturaleza.  

Creo que los humanos tenemos la oportunidad y la obligación de hacer que nuestro hábitat funcione de tal manera que mantenga la salud del planeta entero. Ciertamente, si nuestras soluciones no funcionan para la gente, no obtendrán beneficio alguno para el planeta.

Postulo a continuación cinco principios que, en mi mente, ayudan a formular un entorno construido de manera positiva y orientada a encontrar soluciones para nuestro hábitat. No son los únicos principios importantes, ni siquiera de los cuales usualmente escribo, pero si son los imprescindibles y entre los que más valoro.

(Esos cinco principios fueron adaptados y aparecen entre los principios detallados en People Habitat: 25 Ways to Think About Greener, Healthier Cities, libro distribuido por Island Press)

1. Énfasis en regiones y pequeñas localidades

El diccionario Merriam-Webster define una ciudad como “un lugar de un tamaño mayor en área, población e importancia que un pueblo o una aldea.” Por lo general, ese es el uso típico de la palabra. Pero este diccionario también define a una ciudad como “un municipio usualmente grande o importante de los EE. UU. gobernado bajo acta constitutiva del estado.” Las definiciones se enlazan pero son muy distintas: baja la primera, uno puede decir que “Atlanta” es una metrópolis extensa y una entidad económica poderosa con una población de más de 5,4 millones de personas; pero bajo la segunda definición, Atlanta se reduce a un lugar con solo 432 residentes (en 2011). La zona metropolitana de Atlanta tiene más de doce veces la población que la ciudad de Atlanta.

  the "city limits" (via Google Earth)

La jurisdicción más pequeña de Atlanta puede tener alguna importancia para los postulados para gobernar la ciudad, pero nada que ver con realidades de índole económica o ambiental. Los límites municipales, entre ciudades, son más que todo arbitrarios en términos actuales, son reliquias de principios del siglo XX o hasta XIX, en muchos casos, trazados a lo loco y sin corresponder al funcionamiento actual de esos lugares. Prefiero pensar en términos de regiones (regiones metropolitanas, en particular) y en términos de vecindarios.

Ciertamente en las diferentes regiones, las disposiciones ambientales no respetan fronteras municipales. Aquí en el área de Washington, DC, el escurrimiento de Virginia, Maryland y las ciudades de Washington y Alexandria va a parar a los ríos Potomac y Anascotia; la cuenca de la bahía de Chesapeake incluye parte de siete estados y un sin número de municipalidades. En Chicago, el aire vira libremente entre siete condados y 284 municipales distintas dentro de la parte de Illinois en la región, ya no se diga en los estados cercanos, Indiana y Wisconsin. Muy poca de la energía que se consume en los límites de la ciudad de San Francisco se genera allí.  Y así sucesivamente. Estas son cuestiones fundamentalmente regionales.

Yo diría que, al lado opuesto, (de las regiones metropolitanas), entre los hábitats de más importancia para la mayoría del mundo son los vecindarios. Estas pequeñas comunidades donde comemos, dormimos y donde, si somos afortunados, juegan y van a la escuela nuestros niños; donde compramos nuestros alimentos; llevamos nuestra ropa a lavar en seco; compramos algún bocadillo; nos encontramos con nuestros vecinos en la calle o algún evento en la comunidad; y con suerte, habrá una biblioteca y ferretería y podremos visitarlos.

Mientras que los que vivimos en las zonas metropolitanas, que incluye a un 83 por ciento de los estadounidenses, las recorremos completas visitando amigos, realizando negocios, visitando tiendas, usualmente salimos de nuestros barrios para hacerlo. Si las regiones representan la escala económica y ambiental de las verdaderas ciudades, los vecindarios representan la escala humana.

2. Lo que parece verde pueda no serlo

Ahora, todo el mundo quiere ser “verde”, es decir transmitir una consciencia ambiental, especialmente las empresas que buscan aprovechar el prestigio de la sostenibilidad y atraer consumidores que quieren llevar un estilo de vida más respetuoso. El sello “verde” puede verse más atractivo si no requiere cambios de hábito, teniendo el producto las características deseables intrínsecamente. Pero entre los hechos selectivos se puede ocultar la indudable realidad.

  Texas sprawl (photo c2014 FK Benfield)

El problema es que, en realidad, los productos disponibles pueden ser “verdes” en algunas maneras y para nada sostenibles en otras. Mi ejemplo favorito para demostrar esto es el fenómeno llamado edificios “verdes” o subdivisiones situadas en lugares poco accesibles a los peatones y requiriendo viajes largos en coche para movilizarse.

La verdad es que no se le puede llamar “verde” a las dispersiones urbanas, sin importar con cuantas características sostenibles se construyeron. En 2010, revise una urbanización llamada Prairie Ridge Estates, una subdivisión residencial unifamiliar de un solo uso que se proyectaba construirse en tierras agrícolas, 40 millas al suroeste de Chicago. El desarrollador de Prairie Ridge la anunciaba como “la primera comunidad en la nación por alcanzar un consumo energético nulo a efectos netos en casas diseñadas a pedido”, sugiriendo que si comprabas una de esas casas, ganarías puntos mayores en sostenibilidad. El sitio web del proyecto le dedicaba una página a LEED, el líder en la industria con su sistema de calificación de edificaciones sostenibles en EE. UU., que incluía el logotipo de LEED del US Green Building Council y mencionando a otro producto de la organización que tiene que ver con el desarrollo de comunidades, LEED for Neighborhood Development (LEED-ND). 

De hecho, el desarrollo Prairie Ridge no es más que una expansión lejos de lo urbano. Desafortunadamente, estar situado en un lugar desolado no quiere decir que no puede lograr una certificación LEED, así que este proyecto bien puede calificar para la certificación. Pero, como alguien que ayudó a escribir las normas para el desarrollo de comunidades verdes (LEED-ND), no hay manera que Prairie Ridge pueda obtener la certificación bajo este sistema más riguroso que está diseñado para recompensar el urbanismo inteligente y sostenible. Si lo hace, entonces existe algún problema con LEED-ND.

3. La revitalización como un instrumento poderoso

Cuando una revitalización de los vecindarios y pueblos antiguos se hace bien, resulta en una capacidad inigualable para avanzar las metas trilaterales de la sostenibilidad: mejorar el medio ambiente, la economía y la equidad social. Las ciudades, antes vistas solo como la fuente de los problemas ambientales, pueden concebirse ahora también como fuentes de soluciones ambientales.

  Philly Painting helps an older neighborhood come alive (photo courtesy of Philly Painting)

La comunidad ambiental en EE. UU., en particular, se fundó sobre la celebración de la naturaleza y el paisaje rural como un antídoto más romántico y pastoral que las ciudades y los pueblos. Las ciudades se volvieron jaulas. Los ambientalistas tomaron parte en la desinversión que hundió a las ciudades y pueblos tradicionales en la segunda mitad del siglo XX. Muchos estadounidenses adoptaron la ilimitada expansión urbana sin mucha planificación como una especie de aproximación (ilusoria) a vivir “más cerca de la naturaleza”. 

Sabemos, ahora, que ignoramos las ciudades y su ambiente bajo responsabilidad propia. Es y seguirá siendo adecuado defender la naturaleza, la flora y la fauna y los paisajes rurales como lugares importantes que celebrar, preservar y disfrutar. Pero, la reinversión en las ciudades y pueblos establecidos, el tipo de comunidades donde durante milenios la gente se ha congregado en busca de comercio más eficiente, el intercambio de recursos y las redes sociales, nos provee la mejor esperanza para sostener el paisaje rural. La mejor manera de salvar la naturaleza es a través de hermosas comunidades construidas a una escala transitable a pie sin infringir lugares de gran valor natural.

Para que nuestras ciudades funcionen como hábitat humano, sin embargo, tienen que ser comunidades donde la gente  quiera vivir, trabajar y divertirse. Debemos hacerlas bien y siempre de manera compacta. De hecho, el uso eficiente de la tierra, comunidades con calles, casas, tiendas, lugares de trabajo, escuelas y demás en proximidad cercana una con otra, no solo ayuda a preservar los paisajes pero también reduce la contaminación y el consumo de recursos. El compartir la infraestructura elimina la necesidad de manejar tanto o tan a menudo.

No podemos continuar una expansión como hasta ahora. El resultado, como bien sabemos, ha sido la profanación del paisaje natural y rural, el decaimiento de la infraestructura urbana, la contaminación del aire y el agua y puesto poblaciones en peligro.

Ahora, necesitamos nuestros centros urbanos y comunidades antiguas que absorban el crecimiento que sea posible para evitar los impactos ante el crecimiento esperado. Para lograrlo, tenemos que revivir las ciudades, con vecindarios estupendos, calles completas, viabilidad peatonal y un buen sistema de transporte público, parques limpios y ríos, donde se respire aire limpio y el agua sea potable. Esta es la esencia de la revitalización.

Hay que reconstruir y reinvertir en ciudades; proveerle oportunidades a poblaciones descuidadas; acomodar las expansiones urbanas ya construidas y mejorarlas. Estas cuestiones no son solo de índole socioeconómico, existen consideraciones ambientales, cada una merecedora de la atención de la comunidad ambiental tal como la preservación de la naturaleza.

4. Las ciudades necesitan de la naturaleza

Los seres humanos tenemos una necesidad emocional intrínseca de conectarnos con el mundo natural. El biólogo famoso E.O. Wilson le dio a esta afinidad el término de “biofilia” y este pegó. Sin embargo, las ciudades también necesitan la disposición del urbanismo sólido, las calles, los edificios y el resto de la estructura en la densidad suficiente para lograr una eficiencia económica y ambiental que también fomente los lazos sociales. Es importante que incorporemos la naturaleza en las ciudades, pero de manera que apoye la urbanidad, sin suplantarla.

  Russell Square, London (photo c2014 FK Benfield)

Tengo un buen recuerdo de hace algunos años, llegué a casa del trabajo y tres nuevos árboles habían sido plantados en nuestra cuadra. No era gran cosa, solo unos arbolitos, pero teníamos años extrañando a sus predecesores. Cuando llegamos al vecindario unos 20 años atrás, uno de los atractivos eran los grandes y majestuosos árboles, muchos de ellos robles, casi en cada cuadra. El vecindario se construyó en la década de los 1920, así que los árboles más antiguos tendrían alrededor de 70 años cuando nos mudamos.

La mayoría de estos árboles continúan erectos, pero en los más de 20 años que hemos vivido en este lugar, algunos han sufrido de enfermedades y, otros han perecido por las tormentas. No creo que seamos los únicos que nos alegramos al descubrir nuevos en su lugar, los investigadores han demostrado que nos beneficia física y mentalmente solo ver algo de vegetación.

De hecho, nuestros antepasados no hubiesen sobrevivido sin una aguda consciencia del ámbito natural. Si se nos priva de la naturaleza, perdemos un aspecto básico de la humanidad. Quienes de nosotros no hemos disfrutado de una caminata, andado en bicicleta, leído un libro o revista, aprendido un deporte, enamorado, tomado una siesta o disfrutado de un respiro y comunión con la naturaleza en un área natural o parque encantador de una ciudad?  En las ciudades, la presencia de la naturaleza, ya sea intercalada entre las calles, edificios, jardines o zonas verdes más organizadas como parques, nos conectan al proceso de la floración y a las estaciones del año, suavizando y complementando el mundo de concreto, ladrillo y madera que forman nuestras calles, aceras, edificios y viviendas. 

5.  Lo encantador es sustentable

Por lo general, los ecologistas, operan en un mundo anclado en la ciencia: especies preservadas o amenazadas; gramos de óxido de carbono o nitrógeno en el aire; niveles de contaminantes en las vías navegables; millas viajadas en coche y demás. Estas cosas son importantes, pero también son aquellas características que no se pueden medir.

  Seattle (photo c2014 FK Benfield)

Por ejemplo, todos conocemos lugares en ciudades que inspiran el romance, lugares que encienden la chispa del amor. Entre las más icónicas están: Paris, Roma y San Francisco. Existen muchos distritos históricos en muchas ciudades con calles de ladrillo o empedradas y también plazas con vistas espectaculares a la montaña, el desierto, algún cuerpo de agua o con vistas urbanas dramáticas del horizonte, la majestuosidad de los edificios y las luces parpadeantes y; también, lugares escondidos entre la arquitectura que proveen oportunidades para la intimidad. La mayoría de nosotros tenemos nuestros lugares favoritos.

Yo, sin embargo, considero que, todas estas ciudades que inspiran el amor entre otras que simplemente inspiran, son encantadoras en sí. ¿Importa este hecho? ¿Si nos interesa la sostenibilidad, debería también impórtanos que tan encantador sea el lugar? ¿No deberíamos preocuparnos solo por los recursos y la contaminación que esta produce?

Rechazo la suposición que entre mejores indicadores de sostenibilidad tenga un lugar, mejor lo sea, o que un sitio es fantástico, no importa que tan grave sean sus indicadores de sostenibilidad. De hecho, como mi amigo, Steve Mouzon, expresa tan bien, a volar con esas nociones y sostengo que un lugar es sostenible solamente si también es encantador. La verdad es que todo lo lleno de sentimentalismo en una ciudad: el legado, la belleza, los lugares que te guiñan el corazón, todos son importantes. Si no podemos ponernos de acuerdo sobre la definición de lo que hace un lugar encantador, ¿cómo sabremos cuando lo hayamos logrado?

Concedo que lo encantador, la belleza, puede ser algo difícil de definir, especialmente con el transcurso del tiempo. Pero tener una definición irresoluta no quiere decir tener poca importancia. Aunque no haya consenso, hay ciudades que son universalmente encantadoras. Estas son las que la gente defenderá y cuidará a través de los años y, por lo tanto, son las más sostenibles de manera literal. Deberíamos estudiarlas, aprender las lecciones que nos enseñan y diseñar más ciudades a su semejanza. Lo encantador no siempre va en mano con lo sostenible; pero un buen desempeño ambiental por sí solo, puede no equivaler a una sostenibilidad precisa y duradera.

Para obtener información sobre las fotos, mueve tu cursor sobre ellas.

Kaid Benfield escribe sobre temas de comunidad, desarrollo y el ambiente. Puedes obtener su nuevo libro, People Habitat: 25 Ways to Think About Greener, Healthier Cities, por medio de Island Pressotros vendedores de libros en EE. UU.  

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